Una de las cosas más difíciles es saber cuándo conviene hablar y cuando es mejor callar. Se puede pecar por ambos extremos.
Hay un axioma de la Escritura que dice:»En el mucho hablar no faltará pecado” (Libro de los Proverbios, 10, 19). Pero también se peca por callar, cuando la justicia, la caridad o la oportunidad del momento obligarían a hacerlo. Callar cuando se debe hablar, es como traicionar. Dice un proverbio: “Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”.
El silencio, en algunas ocasiones es muy elocuente, mientras que otras veces es cobarde. Otras veces, callarse es signo de prudencia. «Hay tiempo para hablar y tiempo para callar” (Eclesiastés, 3, 1…).
Lo importante y lo difícil, a veces, es saber cuándo una cosa y cuándo otra. Saber hablar o callar a tiempo es signo de sabiduría. Y la sabiduría no es privilegio de todos. Añado unas frases que no son mías, pero que las apadrino y asumo:
“HABLAR oportunamente, es acierto.
HABLAR frente al enemigo, es civismo.
HABLAR ante una injusticia, es valentía.
HABLAR para rectificar, es un deber.
HABLAR para defender, es compasión.
HABLAR ante un dolor, es consolar.
HABLAR para ayudar a otros, es caridad.
HABLAR con sinceridad, es rectitud.
HABLAR de sí mismo, es vanidad.
HABLAR restituyendo fama, es honradez.
HABLAR aclarando chismes, es estupidez.
HABLAR disipando falsos, es de conciencia.
HABLAR de defectos, es lastimar.
HABLAR debiendo callar, es necedad.
HABLAR por hablar, es tontería.
HABLAR de Dios, significa mucho amor.
CALLAR cuando acusan, es heroísmo.
CALLAR cuando insultan, es amor.
CALLAR las propias penas, es sacrificio.
CALLAR de si mismo, es humildad.
CALLAR miserias humanas, es caridad.
CALLAR a tiempo, es prudencia.
CALLAR en el dolor, es penitencia.
CALLAR palabras inútiles, es virtud.
CALLAR cuando hieren, es santidad.
CALLAR para defender, es nobleza.
CALLAR defectos ajenos, es benevolencia.
CALLAR, debiendo hablar, es cobardía”.

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