En lo que llevo de vida he escuchado constantemente: “Nadie ama aquello que no conoce”. PERO me cabe una duda muy grande porque veo los comportamientos inversamente proporcionales a esta afirmación pues mientras se busca conocer a alguien y no hay amor como fundamento, este solo llega a convertirse en una herramienta de manipulación… propio en los enamorados. 

«¿Nadie ama aquello que no conoce?»

En la Iglesia católica –en el campo teológico- podemos diferenciar claramente dos formas de hacer Teología: La tomista y la Franciscana.

  • La tesis tomista es la lógica: Primero se conoce y después se ama.

  • La tesis franciscana es Espiritual: Primero se ama y en ese amor se conoce.

«primero se debe conocer para luego amar»

Cuando decimos “primero se debe conocer para luego amar” es una espada de doble filo pues si haces –o tratas de conocer- lo que no amas siempre serás un desocupado. De la misma manera en el campo de la Teología no podemos conocer a Dios para luego amarlo porque su sutileza y su sencillez nos podría llevar toda la vida en tratar de conocerlo y nunca haberlo amado.

En la vida cotidiana: “Yo no conozco el básquetbol pues la razón es porque no amo el ese deporte” y tampoco tengo interés en conocerlo. Lo mismo sucede en cualquier ámbito de la vida si le prestamos un poco de atención: en la educación, en la salud, en los círculos sociales, en la política… etc.

Si seguimos esa línea nunca podremos llegar a amar a Dios porque no tendremos la oportunidad de conocerlo.

«Primero se ama y aunque no lo entiendas en ese amor se conoce»

La tesis franciscana: “Primero se ama en ese amor se conoce”.

Es en cierta medida ilógica. Es ilógica porque viene justamente del Espíritu. Dios nos conoce porque nos ama. El hombre llegará a conocer a Dios en la medida que lo ame.

En nuestra vida cotidiana sucede exactamente este escenario: Si comienzas un trabajo, una relación, un estudio, una lectura… con amor, terminarás conociendo aunque no lo hayas notado. El amar lo que uno hace, dice o piensa es de antemano una satisfacción y de aporte a la humanidad.

Un ejemplo trivial: “Conozco el fútbol porque amo ese deporte”. Terminaré por conocer las reglas de juego, jugando bien y tal vez saboreando continuamente el triunfo pero por sobre todo está el hecho de haber realizado lo que he amado.

Hacer lo que uno ama a pesar de que no conozca completamente le llevará a una continua contemplación del todo y por ende una felicidad sin fin. Este proceso sucede en la Caridad: No esperarías conocer a alguien para hacerle caridad, pues mientras tratas de saber cuál es su nombre o sus documentos tal vez su vida corra peligro. Si “el buen samaritano” –del evangelio- hubiera precisado conocer quién era el que estaba tirado en el camino a causa de la paliza que ha recibido no habría llevado acabo la virtud altísima de la Caridad. Sin anteponer el amor al conocimiento no tendríamos una madre Teresa de Calcuta arrastrando con su ejemplo a miles de personas a hacer la Caridad.

Personalmente, creo que la Iglesia ha tomado un camino demasiado lógico es decir el tomista:

…creo que la Iglesia ha tomado un camino demasiado lógico y en esa perspectiva el mundo se auto-destruirá, el Reino de Dios será imposible en la tierra y la caridad fraterna no tendrá lugar.

  • Se trata de transmitir un conocimiento de Dios de manera racional y como consecuencia hasta un ateo llega a conocer pero sin llegarlo a amar; pues se ha comenzado a pintar en una superficie fantasiosa.

  • Los que hablan de Dios lo hacen de manera argumentativa-teórica y nunca de manera experiencial. Mientras la teoría parezca más incomprensible lo atribuyen como divina.

  • Por la vía tomista la relación entre seres humanos se da en el conocimiento y no en el amor. De la misma manera sucede con el resto de la creación, no amamos la creación porque no la conocemos y en consecuencia la vamos a destruir. Anteponer el conocimiento al amor es anteponer la criatura al creador.

  • Amar solo lo que se conoce es la limitación más grande a la vida, pues no se puede arriesgar en nada y la aventura en el vivir no tiene espacio. Un abortista podría argumentar: “No conozco a la nueva criatura por lo tanto no lo puedo amar”.

La visión franciscana es Espiritual porque eleva al ser humano a la visión beatífica. La visión que coloca al hombre a ver la vida, el mundo, la creación desde la mirada del mismo Dios. Pues para ver al mundo se necesita amor. Se puede conocer algo si es que anteponemos el amor. Podrás conocer a alguien si en realidad lo amas; podrás estudiar algo si en realidad amas esa materia.

Desde lo expuesto la teología tomista ha tomado una vía que llevará tarde o temprano al ser humano, a la sociedad y al universo a una autodestrucción amparado por la religión. A Dios, a la vida, al Universo, al ser humano y a todo lo que existe le debemos el amor antes que investigar racionalmente lo que son. ¿Desde cuándo la creatura ha sido autorizado para preguntarle al creador el por qué de las cosas?. Amando lo que se recibe cada día la pregunta sería más bien: ¿Para qué?

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