Tú que habitas en los jardines,
mis compañeros te escuchan.
Déjame oír tu voz:
huye, amor mío
como el burro, como el venadito
por los montes de las balsameras.
(8, 13-14).
La voz de la amada atrae a otros jóvenes. Este hecho despierta el celo en el joven, y le pide que lo llame, que lo invite a él, pero sólo a él a gozar de las delicias del amor. Su anhelo es que estén solos los dos, que nada ni nadie perturbe su unión. Quiere que ella le diga: ¡Huye lejos de lo que amenaza a nuestro amor!, ¡huye pero hacia mí!, ¡huye hacia el monte de mi cuerpo! (2, 16-17). ¡Huye al encanto de mis pechos y al perfume de cuerpo! (4, 5-7). Su deseo es que se sigan queriendo como el primer día. «Que siempre sea yo el único para ti, y que para mí tú seas la única. Que cada día sea para nuestro amor como al principio».

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