¿Quién es ésa que sube (del desierto) apoyada en su amado?
«Bajo el manzano te desperté,
allí donde tu madre te concibió,

 

te concibió la que te dio a la luz»

 

(8,5)
Tal vez, pero subrayando el tal vez, se trate de un coro a dos voces o de un simple dueto. Se canta la llegada de la muchacha apoyada en su amado. Se canta a la seguridad y a la protección que ella encuentra en el hombre.
Pero hay algo más urgente, más importante que ella; quiere recordarle a él, que «bajo el manzano lo despertó». El manzano era el conocido símbolo erótico, que designaba la pasión sexual. En Mesopotamia se usaba en los rituales contra la impotencia, y a él se hace mención en el mismo Cantar.

 

 

«Manzano entre los árboles silvestres,
es mi amado entre los jóvenes;

 

a tu sombra quisiera sentarme

 

y comer de sus frutos sabrosos».
En el torbellino del deseo, como estimulante para remediar su enfermedad de amor, lo que ella pide son «fuerzas con pasas y vigor con manzanas».
Ella lo despertó al amor. Ella lo hizo como un nuevo ser. Y lo que ella quiere ahora, es la dicha de la unión, que se cumpla lo que ella tanto anhela: la consumación amorosa. Entonces se vivirá lo que vivió su madre, cuando lo concibió a él. Pero esta unión ella será como su madre y él nacerá a una nueva realidad.

Deja un comentario