Hay pocas celebraciones para todos los tiempos y lugares, y, las bodas son precisamente una de ellas.
La boda es expresión de alegría colectiva.

En Israel la novia era llevada solemnemente de la casa de su padre a la casa del novio.

En la boda se trataba de vivir conforme a lo añorado: sin tristeza, sin hambre y sin estrecheces. Nada debía empañar esa grande alegría. En la boda eran importantes los perfumes, los adornos, la música y la comida. Pero todo esto estaba, por supuesto, en función de los novios. Para ella él era su rey, él es el bello, el que merece la admiración de todas las mujeres. Para él ella lo merece todo: la admiración, el cuidado, el lujo, la belleza. La llegada de ella es la llegada de la dicha. El amor los ha hecho monarcas del uno para el otro. ¡Y esto sí que es alegría!

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