Este breve poema nos saca de la realidad palpable, externa para introducirnos al mundo de los sueños y deseos. La imaginación pone en primer plano lo que el pensamiento no logra aclarar. Las palabras no alcanzan para comunicar las complejidades de alguien que ama y que se ha propuesto ser feliz con su amado.
En el sueño sucede fácilmente lo que en la conciencia despierta es tajantemente rechazado.
Este breve poema puede ser un sueño nocturno, puede ser una visión fantástica, puede ser un sueño con los ojos abiertos. Llamémosle como le llamemos, el caso es que se trata de una visión atrevida a la realidad.
Este poema no puede describir algo que realmente sucedió, por razones muy sencillas: la muchacha israelita vivía recluida, no podía salir sola a la calle y menos de noche. Se le evitaba cualquier familiaridad con gente extraña. Bástenos escuchar el Eclesiástico 42,11-14: «Vigila a tu hija doncella para que no te acarree mala fama, comentarios de la ciudad, desprecio de la gente y burlas de los que se reúnen en la plaza. Donde ella vive no haya una reja ni miradores a los accesos en torno.
No exhiba su belleza ante cualquier hombre, ni trate familiarmente con las mujeres, porque del vestido sale la polilla y de una mujer la maldad de otra. Mejor es la dureza del marido que la indulgencia de la mujer, la de mala fama trae infamia a la casa». E infamia era que una novia o una esposa diera la impresión aún remota de ser prostituta y sólo éstas rondaban de noche por las calles y plazas.
También es inconcebible que los guardias no le hayan hecho nada, ni siquiera de palabra.
La noche no era el momento propicio para emprender una acción, según los hebreos. Para ellos la noche era la hora del mal y de la mala suerte (Is. 5,30; 8,22).
Por lo tanto, la única interpretación que cabe es la de un sueño de amor. Es el ensueño, la añoranza, el deseo no cumplido de una mujer, lo que aquí se nos entrega.
Ella ha constatado en carne propia, que la realidad es más dura que el deseo. El duro hecho de no estar con su amado la conmueve tanto, que empieza a anhelarlo fuertemente y este anhelo enciende su fantasía. Lo que ella quiere es estar con él cueste lo que cueste. Afloran los gustos de una mujer. Se expresa con fuerza y ardor lo que le estaba prohibido: decir lo que sentía y quería como mujer. Ella quiere amar carnalmente a su amado.
Ella está dispuesta a hacer hasta lo imposible con tal de unirse para siempre a él. Ella ama, siente, sueña y llora como mujer, y esto no es degradación, sino grandeza.
Está dispuesta a todo, porque el sueño y la alegría de su vida es estar con su amado. Sin amor para ella la vida es desasosiego y tristeza.
No sabe en dónde esté su amado, ni tiene ningún indicio para encontrarlo, pero no le importa, peor sería para ella resignarse a la ausencia, perderlo irremediablemente. Ella toma en serio el amor, y decide seguir el impulso del sentimiento.
No es una novela rosa, es una pasión en el sentido original de la palabra, o sea el sufrimiento. Es la sensibilidad de la mujer que recupera la voz, que le habían negado. Es el valor de la mujer, que desea la felicidad, libre de engaño. Ella también quiere, también busca la cercanía de su amado.
La decepción de la ausencia suscita en ella la añoranza, el anhelo. Pero éste sólo le acarrea más decepciones. Su amor no es un capricho. A pesar de las desilusiones y contratiempos, ella sigue firme en el propósito, no se cansa de buscar el amor verdadero. De aquí saca la fuerza de su vida: de la esperanza de amar y ser amada. Tan sólo de pensar que esto llegue a cumplirse es para ella un regocijo.
Casi de refilón, el poema nos descubre los altibajos de la sensibilidad femenina. Para que podamos compartir su visión de mujer, que sabe amar y luchar por lo que ama.
Lo que a ella la desgarra es la ausencia, el no tener a su lado a alguien que de verdad la ame. Ella no se puede informar, no sabe qué rumbo ha de seguir su vida para lograrlo. Los obstáculos parecen insuperables. Lo que encuentra en su búsqueda, son peligros, amenazas y mayores decepciones.
«No lo encontré,
me encontraron los guardias
que rondan por la cuidad».
Pero ni los golpes de la vida la ponen en paz, le producen tristeza y abatimiento, contra los cuales tiene que luchar. Lo que ella tiene no es un alboroto, es una violenta pasión.
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