El espíritu de una persona es lo profundo y dinámico de su propio ser: sus motivaciones mayores y últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la cual vive y lucha y con la cual contagia.
“Espíritu” es el sustantivo concreto, y “espiritualidad” es el sustantivo abstracto. En lenguaje común estas dos palabras se usan indistintamente: “Fulano tiene mucho espíritu, tiene una espiritualidad profunda”.
Cuando decimos de alguien que “no tiene espíritu”, queremos afirmar que no tiene pasión, ideal, vida profunda. Es más que una persona es un tronco, es una máquina.
Hay espíritus diferentes, eso sí. Y es preciso distinguir discernir. Según algunos códices, cuando los apóstoles soñaban o actuaban fuera del Reino, Jesús les advertía: “No saben ustedes de que espíritu son” (Lc 9,55). Hay espíritu malo y espíritu bueno. No se habla y escribe sobre “el espíritu del capitalismo”, sobre “espíritu del mercado neoliberal”?.


Deja un comentario