Cuando encontramos a un amigo, lo correcto es preguntarle, primero, cómo está él; y enseguida interesarse por su familia. Sólo cuando escuchamos la respuesta pasamos a hablar de otros asuntos. Esta costumbre nos viene a decir algo que resulta obviamente significativo: para muchos, lo más importante es la familia. Porque, para cualquier persona normal, el círculo de su propia familia es el pequeño mundo en el que vive toda una serie de relaciones decisivas en la vida.

Por eso, voy a intentar adentrarme en lo que la Biblia nos dice sobre este asunto. Porque parece lógico pensar que, si la familia es algo tan importante en la vida de la gente, algo también importante dirá la Biblia sobre ella.

Veamos, pues, un esbozo de las temáticas familiares que se presentan en la Biblia. A partir de este estudio, espero que muchos matrimonios se sientan llamados a seguir profundizando en estos temas, tan vitales para todos.
Hoy en día existen, gracias a Dios, matrimonios cristianos seriamente preparados en Biblia. Ellos son los encargados de profundizar, vivir y ayudar a vivir los ideales expresados en la Palabra de Dios. Sólo pretendo ayudarles a iniciar o avanzar un poquito más en el camino emprendido.

LOS PRIMEROS TESTIMONIOS

El pueblo judío, a quien Dios quería educar para el amor, era ingenuo y primitivo. Por eso la pedagogía de Dios se apoyó inicialmente en testimonios concretos. Entonces no era el momento de ideologías y doctrinas abstractas. Aquellos hombres elementales no estaban preparados para una reflexión de carácter teórico. En cambio, el ejemplo concreto y vital les iba muy bien.
Siguiendo esta pedagogía, Dios presenta al pueblo hebreo unos prototipos históricos de amor conyugal: el ejemplo de Abrahán y Sara (Gn 17,15-22; 18,1-15; 20; 21,1-21; 23), de Isaac y Rebeca (Gn 24), de Jacob y Raquel (Gn 29,6-30), de Moisés y Séfora (Ex 2,16-22), de David y Micol (1 Sam 19,11-17). Las grandes figuras de la historia de Israel, los padres del pueblo, han amado de un modo grandioso y ejemplar. Su testimonio será un estímulo para el resto del pueblo.

Quizás para nuestra mentalidad actual la ejemplaridad de estos personajes no nos convence plenamente. Sus vidas contienen aventuras extrañas a nuestro modo de concebir el matrimonio y la familia. Pero no por eso dejan de ser testimonios maravillosos de amor entre un hombre y una mujer, y mucho más en aquel tiempo.

Un dato importante de estos primeros tiempos es que Dios comenzó el proceso de revelación bíblica a partir de experiencias religiosas familiares. «El Dios de los padres» es un Dios familiar. Para hablar de la cercanía de Dios se usan expresiones de la vida familiar. Se habla de Dios en relación a las realidades familiares y de grupo, y no en relación a las necesidades del Estado. Dios está íntimamente relacionado con los elementos vitales para el grupo familiar: nacimientos, vida de los hijos, relaciones y tensiones entre esposos, mujeres, hermanos y parientes. La historia más extensa del Génesis habla justamente de un casamiento (Gn 24). Se da gran importancia a las genealogías y a las muertes de los familiares.
El Dios que va junto, que permanece ligado al grupo familiar, que está donde están los suyos, es una de las principales características de «la religión de los padres». Y el Dios que acompaña, va también al frente de ellos. El prevé el nuevo lugar de pastoreo y de sobrevivencia.

Los cultos están también centrados en la vida familiar: nacimiento, casamiento, hijos, muerte. Y las funciones sacerdotales son realizadas por los miembros de la familia. La religión de los patriarcas tiene, pues, características de una religión familiar. Es importante tenerlo en cuenta. Si pretendemos poner en marcha un nuevo proceso de evangelización, hemos de comenzar por la familia. Así lo hizo el mismo Dios.

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