Supuestos mensajes sobre el fin del mundo. Predicciones sobre los futuros Papas. Nostradamus, Malaquías… ¡No tengan miedo! ¿Miedo ante la sucesión papal?: charlatanes y catastrofistas.
No debe extrañar que, ante la incertidumbre de quién pueda suceder al actual Papa, la imaginación con poco sentido sobrenatural de algunas personas, siembre el miedo y la angustia con relación a un “próximo e inminente” fin del mundo.
En algunos medios de comunicación aparecen “expertos” que se presentan como los iluminados y profetas visionarios que lograrán una mención en la historia de la humanidad por predecir un porvenir tenebroso.
En efecto, imaginan un escenario mundial catastrófico; predicen el resultado final de todos los elementos adversos; aventuran las confabulaciones más terribles con una intención destructiva como único objetivo; afirman rotundamente las predicciones más negativas por venir.
Nunca predicen cambios positivos, acercamiento a la paz ni avances de la técnica para el bien del hombre. Se atreven a señalar quién será el próximo Romano Pontífice. Y todo lo dicen con una seguridad pasmosa.
El platillo catastrófico viene aderezado, claro está, con supuestos argumentos de autoridad, por lo que citan las Centurias de Nostradamus o las supuestas Profecías de Malaquías y una que otra anécdota supuestamente histórica que nadie puede comprobar ni refutar.
Decía Gabriel Marcel que en nuestro tiempo «el deseo primordial de millones de hombres no es ya la dicha, sino la seguridad». No hay nada más autodestructivo que el miedo.
Chesterton apuntó alguna vez que «cuando las personas dejan de creer en Dios no es que no crean en nada, siempre creen en algo». Aquí radica la raíz de tanto rumor infundado en el que muchas personas creen y que las acaba atemorizando.
Más de alguno estará tentado a perder la esperanza. Sin embargo, no tenemos razón para tenerle miedo al futuro. Nunca debemos olvidar que nosotros pertenecemos a la misma familia de Dios. En Jesús Resucitado tenemos toda la fuerza que necesitamos. No importa dónde hemos nacido. Las naciones pasan. En el fondo, las grandes potencias del mundo son polvo en la palma de la mano de Dios. Lo único que no pasa son las palabras de Jesús. Lo único que es decisiva y eternamente importante es el hecho de que estamos todos bautizados en una vida nueva en Jesucristo -porque nos unifica en el Señor y nos da un ánimo y una fuerza maravillosas-.
Jesús murió por nosotros y así venció a la misma muerte. La Iglesia es fundada por Jesucristo quien dijo: «Y yo te digo que sobre ti, Pedro, edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”». (Mt. 16, 18). Luego entonces… no hay nada que temer.
Vivimos en una sociedad en la que nada parece sólido. Hay grandes confusiones en una ola de ansiedad a escala mundial que toma muchas y diversas formas: cultura de la muerte, violencia y terrorismo, narcotráfico y adicciones… Todos son actos de desesperación, o mejor dicho, de desesperanza. Es el fracaso de la voluntad humana que no supo creer en la misericordia de Dios y en su presencia orientadora en nuestra historia.
Los propagadores de una especie de teología “del fin del mundo” que se encuentra en tantos grupos cristianos fundamentalistas de hoy, es un rechazo a la esperanza en el futuro. Dios nos ha puesto en este mundo para ser su luz, para ser levadura, para conducir a otros a la salvación -no a través del temor o de profecías del desastre-, sino a través del reconocimiento de la proclamación absoluta de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Somos hijos queridísimos de Dios y no podemos tener ningún miedo.
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