Hoy, mi hermano -de sangre-, y mi cuñada celebran el sacramento del Matrimonio. A miles de Kilómetros me siento tan cerca y a la vez contento por su decisión. No puedo dejar de pensar en los bellos momentos que hemos pasado de niños, de las travesuras que hemos compartido juntos, de los momentos felices y de los momentos tristes… de los sueños compartidos, de nuestra complicidad recíproca para no quedar culpables en ninguno de los delitos infantiles. Cuántos recuerdos! Y ahora ha llegado el momento de asumir responsabilidades serias sustentadas en ese motor que mueve a la vida: El amor. 

A mi Hermano y a mi hermana política les deseo lo mejor de la vida, que su vida sea un constante soñar despiertos; que sus hijas -mis sobrinas- gocen de la felicidad familiar…

Desde la distancia hago manifiesto en este diario virtual mi afecto que solo ellos conocen. Bendice Señor a la nueva familia «Vásquez Rubio», en su quehacer cotidiano…

Felicidades hermanos!!!


La felicidad en el matrimonio no es algo que simplemente suceda,

un buen matrimonio debe crearse.
En el matrimonio las pequeñas cosas son las grandes cosas;
nunca se es tan viejo para sostenerse las manos.
Es recordar decir “te amo” al menos una vez al día,
y nunca irse a dormir enojados.
Es nunca hablar con el otro solo por ser condescendiente;
el cortejo no debe terminar con la luna de miel,
debe continuar a través de los años.
Es tener un sentido mutuo de valores y objetivos comunes,
es pararse juntos enfrentando al mundo.
Es formar un círculo de amor que se alimenta en toda la familia.
Es hacer cosas para el otro, no en la actitud de servicio o sacrificio,
sino en el espíritu de gozo.
Es hablar con palabras de apreciación
y demostrar gratitud de manera considerada.
No se busca la perfección en sí,
es cultivar la flexibilidad, la paciencia,
la comprensión y el sentido del humor.
Es tener la capacidad de perdonar y de olvidar.
Es dar al otro una átmosfera en la que cada uno pueda crecer.
Es encontrar espacio para las cosas del espíritu,
en una búsqueda común del bien y la belleza.
Es establecer una relación en la cual la independencia sea por igual,
la dependencia mutua y las obligaciones recíprocas.
No es sólo casarse con la pareja perfecta, es ser la pareja perfecta.
Es descubrir lo que el matrimonio puede ser, en su mejor momento.

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