Para que cada persona pueda descubrir en el fondo de su corazón que la búsqueda de Dios, la búsqueda de sentido en nuestra vida, la experiencia de Dios en la fe, exige el ¡esfuerzo! de organizar nuestra propia vida para que podamos vivirla con paz, armonía alegría, serenidad… 

A Dios se le vive “por dentro” y ¡SÓLO ASÍ! se le encuentra por fuera, en la vida diaria, en medio del ruido, en el autobús lleno de gente y en el paseo tranquilo por un parque en el que el suave y agradable canto de los pájaros ayudan a reflexionar en el silencio de un sereno atardecer.

¿Cómo cultivar el silencio entre el ruido, los agobios, las idas y venidas, las prisas de cada día, desde por la mañana hasta el anochecer…?

¿Cómo tener paz en un mundo violento, desigual, dónde las diferencias son tan marcadas entre unas personas y otras, unos pueblos y otros, y una economía tan diferente entre unas gentes y otras…?

¿Cómo tener credibilidad ante el bombardeo de noticias que nos llegan a través de los distintos medios de comunicación, con informaciones tan alarmantes y tan poco claras…?

Quizás tengamos que volver a recordar la magnífica frase de Pablo VI cuando dijo: “El silencio es la profunda actividad del amor que escucha”
Porque el SILENCIO supone en el corazón del hombre una profunda y seria actividad de “encuentro” con el Dios de la Vida, que habita en el interior de cada persona, en todas las criaturas y en todas las cosas creadas, como descubrió muy bien Francisco de Asís. Y ¡sólo el silencio! que es actividad, profundidad y amor nos puede llevar, en un mundo “ruidoso” a mejorar la calidad de vida de nuestra sociedad, si sabemos descubrir “silenciosamente”, en un “diálogo diario con Dios”, lo importante que es para nuestro mundo…
«Pasar por la VIDA, haciendo el BIEN, como Jesús» (Hechos 10,38)

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