Vida digna de ser vivida es la que se vive con valor, con amor, con generosidad y hasta con intrepidez. La verdadera valentía no consiste en no tener miedo, sino en tener el suficiente amor como para superarlo y la suficiente voluntad para vencer las dificultades.
Solo quien aprende a dar en lugar de tomar para sí, a soltar en vez de sujetar, puede vivir libre, dichoso y relajado, sin miedo.

El valor debe forjarse en el vivir de cada día. Nadie puede esperar ser valiente y heroico en imprevistas grandes situaciones, si no lo es en las diarias y pequeñas.

El valor no requiere de demostraciones espectaculares. La verdadera valentía consiste en hacer sin testigos lo que muchos sólo serían capaces de hacer delante de todo el mundo.

En la vida solo se presentan dos o tres ocasiones de ser héroe, pero casi todos los días se presenta la ocasión de no ser cobarde.
La prueba más grande de valor consiste en saber sobrellevar una desgracia sin perder el ánimo. En sus diversas modalidades de tedio, ansiedad, cólera, envidia, celos y timidez, el temor es el más encarnizado enemigo de la raza humana: paraliza la razón, destruye la confianza en uno mismo, conduce a la inseguridad de propósitos, convierte en nada la fuerza de la voluntad, mata el amor y la amistad y asesina las emociones más hermosas del corazón. No hay mayor enemigo que el que agrandemos y multipliquemos con nuestro temor.
Nada debe ser más temido que el temor mismo.
El temor tiene muchos rostros: miedo a ser uno mismo, a no ser aceptado por los demás, a la soledad, a expresar los propios pensamientos, a tomar decisiones y comprometerse a fondo con otras personas en alguna tarea, al fracaso, a confiar y a querer a otros, a la afectividad, al sexo, etc.
Todo el Evangelio está lleno de estas advertencias: «No teman…; no se preocupen, no se aflijan…». Es bueno saberlo que lo opuesto del miedo no es la valentía, sino el AMOR.
«El hombre que no teme a nada es tan poderoso como el que es temido por todo el mundo» «Que cada día sea un motivo claro para seguir amando». Alejando el mayor miedo de no ser amado.
Que Dios nos bendiga… PAX ET BONUM.

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