La persecución es algo necesario en la Iglesia. ¿Saben porqué? Porque la verdad siempre es perseguida. Jesucristo lo dijo: «Si a mí me persiguieron, también les perseguirán a ustedes». Y por eso, cuando un día le preguntaron a una autoridad profética de la Iglesia, aquella inteligencia maravillosa de principios de nuestro siglo, cuáles son las notas que distinguen a la Iglesia católica verdadera, él dijo ya las cuatro conocidas: una, santa, católica y apostólica. «Agreguemos otras, perseguida». No puede vivir la Iglesia que cumple con su deber sin ser perseguida.

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