«Todos nuestros problemas, sin excepción, derivan del hecho de querer retener algo».

La frase con que inicio este post me parece muy cierto en su contenido. Hoy me he puesto a pensar en mis experiencias personales -de otra cosa no podría hablarles-. Hace algunos años, quería tenerlo todo. Lo paradójico de mi existencia es que «quería tener mucho y ser libre, poseer tantas cosas y poder volar, de construir una casa inmensa pero ser pasajero». Las personas que me conocen en mis primeros años de vida podrán ser mis mejores testigos.

Han pasado los años y mi terquedad por aferrarme a algo me ha hecho sufrir. Cuando me enamoré de alguien quería que todo el tiempo lo dedicara para mí -pues lo estaba tratando como a una propiedad-, y comprendo, recién ahora, que eso no es amor. Eso es Egoísmo.

La vida misma me ha enseñado que no estoy hecho para retener y ni mucho menos para ser retenido. Ahora, sin casi creerlo por completo, estoy a pocos meses de cumplir tres años de vivir fuera del país y con todas las experiencias que voy pasando me doy cuenta que cada vez que tengo menos, soy más liviano, soy más soberano de mí mismo. En la teoría lo tengo todo, pero en la práctica no. Estoy lejos de mi país, no tengo una morada fija -con documentos que me acrediten-, no puedo darme el lujo de acumular cosas porque hoy estoy aquí y mañana tal vez no. Esa es la belleza de mi vida, el sentirme que a medida que pasan los años voy en el camino de la flexibilidad en cuanto a lugares y tiempos; y no al contrario, el ser inflexible.

El querer retener para mí es una pobreza inmensa. Es pobreza porque sentimos que nos falta algo y queremos llenar ese vacío con cosas, con palabras, con dinero, con sexo exagerado, con conversaciones superfluas, etc. Mientras no estés con esa ansia de retener, eres una persona libre, te posees a ti mismo. Solo las personas libres saben amar de verdad porque saben lo que es la libertad, y porque «aman de verdad» dejan a la otra persona que desde la libertad los ame.

«Este querer retener, este intento de retener, es falso. Porque nada se puede retener».

«El vivir es un riesgo permanente de inseguridad, de mutación, de cambio».

«La vida es un río, yo soy un río, y el río no se va a detener».

«Cuando quiero retener algo, estoy creando violencia…, y al fin el río sigue su curso».

«Dichosos aquellos que descubren pronto que todo es inestable, porque estos encontrarán al final la Fuente de donde mana la única Verdad, la única seguridad, el único Ser eternamente estable».

En mi interés de llegar a conocer a profundidad el Santo Grial de la existencia de cada ser humano, pongo como presupuesto que no hay nada maravilloso en esta vida como «la relatividad». Dios ha creado lo relativo para no encasillarnos en nuestros absolutismos. Es verdad, que cada uno debe encontrar una verdad que le lleve a vivir bien y ayude a vivir bien a los demás; pero no para excluir. Hay, no pocos ilusos posesores de la verdad que por leer la Biblia piensan que ya conocen a Dios, o porque leyeron la vida de los santos pretenden definir lo que es la vida eterna…, eso equivale a decir que: todo lo que los demás piensen y no es lo mismo que Yo es «equivocado» o no tiene valor; solo por el hecho que no comulgan con mi forma de vivir, de pensar y de sentir».  Eso es fundamentalismo.
Por lo tanto, considero que todo ser humano que ha construído su verdad -relativa- es capaz de existir en este mundo relativo porque ve que «todo pasa» y es de sabios adecuarse al tiempo y lugar actuales sin querer retener nada, ni quedarse detenidos en una época. Será feliz esta persona, porque nada retiene para sí ni es retenido.

Para la reflexión:

Heráclito, ya lo decía con singular belleza que «nadie se baña dos veces en el mismo río». Un principio de relatividad.

El “hagamos tres tiendas del Tabor” ¿Acaso no es una forma de querer retener?. (Marcos 9,2-10)

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