Hace algunos días con mi hermano Antonio nos hemos puesto a conversar sobre los temas que estudiamos actualmente. Sobre Dogmática, Derecho Canónico, Teología, Biblia en resumidas cuentas hemos hablado de nuestra realidad formativa. Como es obvio, el estudiante que es fiel a lo que dice el profesor tiene una respuesta para cada cosa. Pero, casualmente en este diálogo fuera de los ambientes estudiantiles tomó relevancia porque sin querer estábamos preguntándonos antes que respondiendo de manera dogmática a las múltiples preguntas que nos venían a la mente. En este sentido creo Yo, que «las respuestas tienden a dividir y las preguntas a unir».

Sin motivo de crítica cerrada, veo que en nuestros ambientes sociales, religiosos, políticos pocas veces nos preguntamos por la realidad que nos cuestiona actualmente. Cuando en el grupo hay preguntas es signo que se quiere crecer, que se quiere esclarecer algo que en algún momento no se entendía. Hacerse preguntas es mostrar interés por algo que nos preocupa, por algo que no contenta con respuestas fáciles y alienantes.

En un centro de formación es necesario que existan las preguntas cargadas de pluralidad y no de respuestas cerradas que cierren el diálogo. Es riqueza cuando coincidimos en las preguntas y aunque no en las respuestas porque el horizonte de la pluralidad debe primar antes que caer en el fundamentalismo o dogmatismo.

Todos nos preguntamos hasta cuándo va a golpearnos la crisis generalizada –social, político, religioso, cultural- que padecemos, y cómo podrá resolverse. Pero la respuesta es distinta según de quien venga -de un religioso, de un educador, de un psicólogo, etc-. La suma de las respuestas ayudan a armar nuestro mosaico de opiniones más acertado sobre la realidad actual.

Todos nos preguntamos cuál es el sentido de la vida y de la muerte, pero no todos damos la misma respuesta. Todos nos preguntamos por las grandes interrogantes de la existencia humana, el origen del mundo, de dónde venimos y a dónde vamos, cuál es la verdadera religión, qué tipo de política y de ordenamiento social es el que más nos conviene, etc…  Pero las respuestas son diversas y no coincidentes, gracias a Dios.

“Toda definición es una negación”, basándome en esta frase pienso que si definimos como únicamente verdadero, lo demás necesariamente tiene que ser falso. Por eso, en un inicio partimos de las mismas interrogantes, que en principio nos unen; pero tan pronto definimos algo como único y verdadero en el mundo, los grupos políticos o sociales, las personas, nos dividimos.

De las definiciones dogmáticamente definidas provienen las incomprensiones, las decisiones y las luchas. Todos creemos poseer la verdad y las certezas. Pero nadie posee la verdad absoluta.

Si nos ceñimos a la Iglesia, vemos, también, que suele haber una gran coincidencia en las preguntas, y una gran desunión en las múltiples respuestas. ¿Por dónde debe caminar la Iglesia, hoy día? ¿Cómo debe ser su relación con el mundo? ¿Cómo debe organizarse? ¿Qué cambios serían convenientes? ¿Cómo debe ser la nueva evangelización? Seguro que hay una coincidencia  grande en las preguntas, en cada una de las distintas tendencias. Sin embargo, no nos ponemos de acuerdo; las respuestas no coinciden, e, incluso, son bien distintas.

Sobre esto y mucho nos hemos preguntado. Sepan que dentro de la Iglesia tenemos el mismo fin -humanizar la vida-, desde la pluralidad del pensamiento plasmado en propuestas. … ¿y tú qué piensas?

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