Ayer salí con mi alma
a mirar el ocaso del sol
en suma tranquilidad nos miramos
estábamos iluminados y calientes bajo el calor
contemplamos, pensamos y palabra no pronunciamos,
en la imaginación al infinito volamos.

Oh alma compañera mía
coqueta musa de mi fantasía…
sin Ti
la vida no es vida.

Así pasa esta vida

yo humano y tú divina
en el amanecer ayer te dejaste conocer
al medio día me has revelado un secreto
«que de mi ser eres el centro»
en este ocaso callas,
dejaste de hablar para comunicarte con suspiros
no hablas porque temes la traición de las palabras
me susurras en silencio,
es tu mejor comunicación.

Hoy te vi sonreír
te vi soñar
te vi suspirar
te vi cantar
y te escuché rezar
te vi llorar de alegría
te escuché suspirar un ave maría
juro que te vi en este día.

Te dedico este poema porque Tú me inspiras
te digo palabras bellas porque la mereces
¿qué puedo ofrecerte en este día
si comparado a tu compañía
lo mío son pequeñeces?

 Cuando mirábamos el mar
reflejo de la eternidad de nuestros días
en mi interior me inspirabas
que no hay otra cosa que valga si no es amar
nuestro pasar
nuestro vivir
nuestro llorar
nuestro reír
nuestro cantar
nuestro caminar…

«El sentido de la vida no tiene dirección»
-me dijiste-,
el fin del hombre no tiene comienzo
la morada del bien no fue el paraíso
el hogar del Dios no es ni fue el cielo
¿Quién nos entiende alma mía, si digo lo que pienso?
si digo que dentro de mí está lo más grande que Dios hizo
que eres Tú
tan divina
¿Crees que me creerán acaso?
Decir que Dios es tan grande que no cabría en el Universo
pero que cada corazón
bastaría como morada del Excelso!

Ayer me encontraste,
hoy te escribo
mañana quién sabe
si de Ti me olvido.

Alma mía, vives dentro de mí
hazme un favor:
toca la campana de te habitación
si adormezco o duermo
en el apesadumbrado lecho
por falta de amor.

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