Comenzamos el tiempo de Cuaresma, un tiempo oportuno. Oportuno para poner en práctica las muchas prédicas que hemos escuchado en nuestra vida. En este tiempo se habla de ayuno y penitencia; palabras desgastadas por muchísimas interpretaciones espiritualistas o simplemente piadosas. Si Cristo estaría aquí nos gritaría como alguna vez lo hizo: «Misericordia quiero, y no sacrificio.» (Mat.9:13)
¿Ayuno de qué cosa? El ayuno no se tiene que limitar al simple hecho de dejar de comer o beber algo. El verdadero ayuno es aquél que nos lleva a tener una actitud más humana, aquél que nos lleva a disminuir el sufrimiento en el mundo. Ayuno es saber limitar nuestra lengua del hablar más de lo necesario, en el dejar de chismorrear la vida de los demás, en saber decir sí cuando es sí y no cuando es no. Este tipo de ayuno nos acercará más a nuestro prójimo y solo cuando estemos más cerca de nuestros semejantes estaremos haciendo la Voluntad de Dios. Pues “no es lo que ingresa por la boca que hace impuro al hombre sino lo que sale de ella”.

Deja un comentario