En el primer artículo EL CRISTO que muchos CRISTIANOS “desconocen” # 1, he tratado de dibujar de manera sintética la imagen de Jesús. Acerca de la persona de Cristo, con todo lo dicho anteriormente se entiende a leguas que su mensaje era verdaderamente Bueno, un mensaje de Gracia, de esperanza, de libertad, de amor y de alegría.
¿Esto quiere decir un verdadero Evangelio? Sí, vivido de manera convincente por parte del que lo anuncia, acompañado sorprendentemente de acciones carismáticas, de liberaciones de enfermedades y demonios -signos escatológicos de la implantación del Reino de Dios que involucra al hombre en su totalidad. Pero ¿Con qué poder lleva a cabo todas estas cosas? así se preguntan amigos y enemigos. Aquí hay uno que en vez del no-cumplimiento de la ley anuncia una sorprendente libertad para Dios y para el hombre. ¿Cristo al predicar a Dios, acaso no hace entender que él vive su experiencia de un Dios diverso: un Dios que se acerca a los impíos, a los pecadores, en vez de los piadosos? ¿Se hace más grande de Moisés (ley), de Salomón (templo), de Jonás (profeta)? Y tantas otras preguntas que nos podríamos hacer acerca de Él.
Cristo en persona se ha convertido en el gran signo, el signo de la decisión. Su predicación y su comportamiento trazan su destino: una vida así de significativa la muerte se hace inevitable. ¿Los protectores de la ley y del orden podían hacer algo diverso que liquidar a aquél que había despreciado la ley y su Dios y al mismo tiempo ha corrompido con ideas extrañas al pueblo? Mejor uno que muchos. Jesús es arrestado. No se retracta en nada. Como alguien que desprecia la ley y el templo viene interrogado por los judíos, como rebelde político es condenado a muerte por los romanos. Los romanos eran los ejecutores de los judíos, pero los judíos, a su vez, eran los ejecutores de la ley. Es la ley que lo ha matado –Pablo posteriormente dirá que la ley será la que trae consecuencias radicales en la libertad del cristiano. Así muere Jesús: entre dos malhechores, identificado bajo todos los aspectos con los pecadores, abandonado de aquél que Él mismo había proclamado su cercanía con la palabra y la acción, con su misma persona. Así aparentemente termina sus días terrenales este abandonado de Dios, y este que había sido anunciado por Jesús mismo parece que ha muerto con él -Dios mismo-.
¿Terminó todo con su muerte? Evidentemente no. En la historia del mundo es verídico un hecho: el movimiento inaugurado de Jesús e iniciado públicamente solamente después de su muerte. ¿En qué cosa tiene su fundamento? Si examinamos además de las diversas tradiciones contradictorias y los bonitos acontecimientos legendarios encontramos el testimonio de los primeros creyentes, los cuales fundaron su fe sobre una real experiencia: El crucificado vive! Su muerte no fue una muerte en la nada sino en Dios. No el cómo, el cuándo, y el dónde, sino el qué de la nueva vida es decisivo: Jesús, el abandonado de Dios, vive con, mediante y en Dios. Con su resurrección nos ha sido donado una vida nueva. Él es el vencedor. Su mensaje, su comportamiento, su persona son justificados. El camino que nos ha abierto es justo!
Solamente ahora…
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Solamente ahora, a la luz de su nueva vida y de la experiencia de su Espíritu, es claro para sus discípulos como Dios estaba con él desde el principio, él en cuanto persona es y está de parte de Dios y de los hombres.
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Solamente ahora llega a ser manifiesto que la cruz no es signo de maldición sino de salvación por excelencia, y con esa se ha iniciado el reino divino de la reconciliación, de la libertad, de la justicia, del amor y de la paz.
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Solamente ahora su persona adquiere un significado definitivo y peculiar para todos aquellos que, en la fe se adhieren a él.
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Solamente ahora se le viene dado diversos títulos y representaciones del mundo –ambiente (en particular en cuanto concierne su pre-existencia), que de él mismo reciben su significado, en cuanto Cristo, Mesías, Ungido de Dios, Verbo encarnado de Dios, Hijo de Dios, Revelación definitiva de Dios.
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Solamente ahora, en la profesión de fe en él, se forma la Iglesia en cuanto comunidad de los creyentes, la cual lleva su nombre y es mantenida por su Espíritu. La iglesia viene reconocida por el bautismo en su nombre, unida a su memoria mediante el banquete pascual.
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Así el anunciador del mensaje se ha convertido en el anunciado: Él mismo es la síntesis y el cumplimiento concreto del mensaje del Reino de Dios, Él mismo es el mensaje Cristiano. Él mismo, por lo tanto, es el especificum cristiano, es el alma de la Iglesia: Él mismo y todo aquello que está unido a él es cuanto debe permanecer en la Iglesia.

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