A quién no le ha sucedido en la vida el haberse encontrado con Dios?
El rostro del Dios urbano (de la calle) es el de Dios metido dentro del hombre: «El Reino de Dios está dentro de ustedes» (Lc 17,21), advertía Jesús para evitar expectaciones y búsquedas inútiles.
Dios me está dentro; me es más íntimo que mi propia intimidad. Decía A. Machado: «La voz con que te llamo es tu voz». Pues eso. Y este rostro, esa voz, va conmigo a donde voy yo. Con la advertencia de León Felipe: «Nadie fue ayer ni va hoy ni irá mañana, hacia Dios por este camino que yo voy. Para cada uno guarda un nuevo rayo de luz el sol y un camino virgen Dios».
Aquí cada uno es cada uno y tiene su propio rostro y el rostro de su propio Dios.

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