Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!» (Rom 8, 14, 15)

«Dios en Nosotros: la herejía más antigua»?. En la tradición espiritual que está tomando forma, Dios no es la encarnación de nuestra mentalidad de catecismo dominical, sino que corrresponde más bien a aquella dimensión que William James describe en el modo siguiente: «Me parece que las fronteras más amplias de nuestro ser se sumergen en una dimensión de la existencia totalmente diversa de aquella del mundo racional simplemente ‘comprensible’ «…» Pertenecemos a esta dimension en sentido más estricta que no al mundo visible, porque en nuestro interior tendemos allá donde están nuestros ideales «…» Llamaré a esta parte superiore del universo con el nombre de ‘Dios’. Dios viene experimentado como un fluído, una totalidad, come un infinito caleidoscopio de la vida y de la muerte, como causa última, como fundamento del ser, como aquello que Alan Watts llama ‘el silencio de donde proviene cada sonido’.

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