Créeme, no tienes que saberlo.
No tanto que te vuelvas desvalido.
Desvalido ante lo que te depara la vida.

Hazme pues las paces con saber muy poco.
Del amor.
De otros.
De cómo debiera ser la vida.

Repara el daño de cómo son las cosas.
Sin saber nada
camina con las rodillas listas
para caer sobre ellas
cuando la vida lo dicte.

Deja una mano libre
para llevártela al corazón
cuando llegue una pena.

Haz una cama donde puedas caer
como en tus propios brazos reconfortantes.

Venimos para descubrir que la vida es más bien silencio.
Nos pide vivir por el conocimiento, mientras
nos brinda eso mismo.
Vibra fácil a nuestro alrededor,
cándida y benévola.

Lo ves, es solo
cuando nos arraigamos en algún conocimiento otra vez
que la vida tiene que gritar.

Sube
con amor,
de su murmullo.

En silencio…

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