No finjas que la añoranza no ha vivido en ti,
oscilando, como un péndulo.
Has estado perdido,
y como un delincuente
te robaste tu corazón
dejándolo en la oscuridad.
Pero la vida está cansada, amigo mío,
de seguir
sin ti.
Es como la mano de una madre
que ha perdido a un hijo.
Y si en algo te pareces a mí,
has tenido miedo.
Y si en algo nos parecemos.
Has medio tu valentía.
Hay lugar en esta barca:
toma tu asiento.
Toma tu remo,
y nosotros, todos nosotros,
remaremos para llevar nuestros corazones
de vuelta a casa.
«La añoranza» 2005 Em Claire
Los cambios siempre han sido una constante de la vida. Lo que está pasando ahora es que los cambios son cada vez más frecuentes. Nuevo jefe, nuevo trabajo, nuevo integrante del equipo o de la familia, nuevo sistema, nueva casa, nuevo país…
Hay cambios que son impuestos; a esos nos resistimos por naturaleza. El problema nace en que nos están sacando de nuestro estado de equilibrio. Todo estaba ajustado, quizá no estaba bien, pero ya lo conocíamos. Hasta hay un dicho: “más vale malo conocido, que bueno por conocer”. Nuestro jefe o empleador, nuestro sistema de cómputos, precios de las compras, impuestos, etc.
Otros cambios los tenemos que decidir nosotros: Nos casamos, buscamos un cambio de empleo, nos mudamos de casa o de país… Estos cambios son una decisión propia y, en la mayoría de los casos, decidimos no hacerlos: ¿Por qué? ¿Presuntamente nos traerán beneficios a nuestra vida?
Antes de tomar la decisión, probablemente le preguntemos a otros por su opinión. Algunos nos motivarán a hacerlo. Otros serán un freno en cualquier cambio que decidamos emprender. Esos que resultan opositores, por lo regular no hacen cambios en sus vidas… Yo no los recomendaría como ayuda, sus respuestas son emocionales y no racionales.
Cuando hay un cambio, algunas de las necesidades que tenemos cubiertas pueden verse amenazadas. Maslow estudió las necesidades y nos entregó su famosa pirámide. Él las dividió por prioridades. Las primeras son las fisiológicas, luego las de seguridad, le siguen las de afiliación, reconocimiento y por último las de autorrealización. Él nos dice que para uno pensar en subir un escalón, debe tener el anterior bastante cubierto.
¿Qué pasa con los cambios? Nuestras necesidades cubiertas sienten que pueden sufrir un revés. Entonces nos ponen en atención para que no las descuidemos. Por ejemplo:
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Una mudanza de país puede significar una pérdida de la cercanìa de las amistades. Solución: Rehacer nuestro círculo social. Por ejemplo, abrirnos a conseguir nuevas amistades y ser activos para lograrlo.
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Un nuevo dueño de la empresa, o nuevo jefe: Nos pone a temer por nuestra seguridad. Podemos perder el empleo. La solución no es oponerse a lo nuevo, sino todo lo contrario, hay que caminar con lo nuevo. Si nos oponemos, estamos provocando lo que queremos evitar.

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