«Tú creías que podíamos ser decentes en tiempos indecentes. Pero te equivocabas. El mundo es cruel…» – Harvey Dent, The Dark Knight.

Cuatro años han transcurrido desde el día que inicié esta gran aventura de intentar encontrar nuestro destino, y convertir mi mundo privado en público. Miro hacia atrás, y observo con detenimiento los cambios que ha efectuado el paso inexpugnable del tiempo sobre el cuerpo de este entretenido compañero al que llamo blog. Como fotografías de antaño, las imágenes del pasado se convierten en pequeños retazos de un enorme lienzo construido con los recuerdos que abrazan mi memoria, y convierten cada vivencia en un verbo capaz de capturar la esencia que en algún momento supo consumir mi alma. Busco cientos de palabras para poder describir lo que yace en mis adentros, y no encuentro ninguna letra que pueda describir el sentimiento. Tantas historias, vivencias, alegrías, sueños y lágrimas se encuentran derramadas en estas páginas, que me es imposible no sentir que cada párrafo que compone este sitio tiene un pedazo de mi cuerpo, que al leerlo de nuevo, revive mis más profundos recuerdos, y me hace volver a una época en la que un joven impulsivo con aires de soñador, se sentaba sobre un viejo escritorio a estampar sobre el teclado cada uno de sus pensamientos.

Observo con detenimiento el reflejo que permanece estancado en mi memoria. El espejo no miente. Hay un largo y eterno camino marcado de errores, y aciertos. Más de los primeros que de los otros. Cientos de momentos en que se hubiese deseado detener el reloj para alargar la alegría o mitigar el sufrimiento. Saltos de ángel, y pisadas sobre el fuego. Experiencias que han transformado mi alma, convirtiendo esta roca que alguna vez llamé corazón, en un mar de cantos y carcajadas que dan gracias al cielo por cada cicatriz y batalla ganada. El resultado de estos cuatro años es la esencia de un joven que se apasionada por todo lo que hace. Un hombre que ha descubierto con el paso del tiempo, que a través de las letras aún es posible robarle un poco de vida a la muerte. Pero sobre todo, en un niño, que sigue creyendo en aquellas palabras que una vez le dijo una vez su abuelo:

«Nunca dejes que las dificultades del momento, te quiten la oportunidad de hacer con tu vida algo realmente extraordinario».

Vivimos en tiempos complicados. Nadie lo pone en duda. Una mirada a nuestro alrededor y es fácil detectar la base de cada pensamiento pesimista que despierta en la mente de los que nos rodean. Sin embargo, estos son tiempos para aprender de nuevo. Momentos invaluables para marcar la diferencia. Situaciones conflictivas que aparecen como oportunidades únicas para aquellos que se encuentran decididos a dar un paso al frente y dejar de ser un rostro más en medio de la multitud. Los tiempos cambian, es cierto, pero la esencia del hombre debe permanecer sigue intacta. Es por eso que cuatro años después, una sola frase permanece clavada en mi memoria. Como el fuego quemando el hierro. No importa cuantas veces la gente lo rechace, lo ignore, o lo niegue. Hoy más que nunca sigo creyendo de que el mundo es buen lugar por el que vale la pena luchar. Por eso no importa cuan angustioso sea el camino, ni cuantos errores haya cometido. Si con una sola palabra, podemos llevar esperanza y aliento a quien lo este necesitando, nuestra vida no habrá sido en vano. Por eso hoy cuatro años después de haber empezado esta gran aventura, doy gracias a cada uno de los amigos que permanecieron a nuestro lado, de manera inamovible contra el paso del tiempo. A los que vinieron y se fueron, doy las gracias. A todas y cada una de las personas que con lectura silenciosa, e invaluables comentarios han hecho de este blog un lugar del que nunca me quiero marchar. Un espacio que llevo a cada segundo en mi alma, y que me hace volver para reencontrarme con ustedes. Amigos, y amigas, compañeras de batalla que nunca se han alejado de mi lado a pesar de las circunstancias. A ustedes doy las gracias en nuestro cuarto aniversario. Un enorme abrazo, los quiero!

«El mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar».

Ernest Hemingway

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