El teólogo español José Arregui, en su texto “Jesús en el diálogo interreligioso. Perspectivas”, reflexiona sobre los esfuerzos actuales de la teología por reinterpretar la “divinidad” de Jesús de forma que, sin negar el núcleo de la confesión cristiana, ésta no se convierta en obstáculo para el diálogo interreligioso. Recuerda Arregui que el teólogo católico francés Charles Perrot en su libro “Jésus, Christ et Seigneur des premiers chrétiens” (París, 1997), demostró con rigor:

1) Que en el Nuevo Testamento se le considera a Jesús “divino” en textos seguros (Hebreos 1,8; Juan 1,1 y 20,28), en textos dudosos (Romanos 9,5; Juan 1,18; Tito 2,13; 1Juan 5,20; 2Pedro 1,1), pero nunca se le identifica con Dios mismo.

2) Que las afirmaciones del Nuevo Testamento sobre la “divinidad” de Jesús se sitúan en analogía con afirmaciones judías de “divinidad” de otros personajes bíblicos (Moisés, Melquisedec, Job, el Hijo del Hombre, los Ángeles, la Torá, la Sabiduría…).

3) Que la “divinización” de Jesús se llevó a cabo originariamente en el género de los himnos de la liturgia.

4) Que la “divinización” resultaba creíble en los ambientes filosófico-religiosos del helenismo.

Partiendo de todo esto, afirma Arregui: Otros autores analizan cómo, sobre esas bases judeocristianas y helenísticas, y a través de una historia sumamente compleja y azarosa, atestada de equívocos conceptuales y de intereses políticos, se llegó a la definición de Nicea en el año 325 (“consustancial con el Padre”) y a la de Calcedonia en el año 451 (“dos naturalezas, una persona”). Y reivindican, en consecuencia, la necesidad de reinterpretar esas fórmulas conciliares a partir de su origen y de nuestro presente.

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