Hola Dios¡ ¿Cómo estás ?

Te escribo para saludarte, y porque tengo que surtirme, pues «la canasta básica» con la que me enviaste al mundo, se me ha ido agotando a lo largo de éstos años.
La paciencia se me está acabando.
Se me acabó por completo la esperanza, y el frasquito de fe, está casi vacío.
La imaginación también está escaseando.
También debes saber que hay cosas de la canasta que ya no necesito, como la dependencia.
Así que, quisiera pedirte nuevos productos.
Para empezar, me gustaria que rellenaras el frasco de la paciencia ( pero hasta el tope) .
Envíame también varias bolsas grandes » pero grandes» de esperanza .
También quisiera un costal de sonrisas, de esas que alegran el dia a cualquiera.
Te pido me envies dos piedras grandes y pesadas para atarlas a mis pies, y tenerlos siempre sobre la tierra.
Si tienes por ahí una brújula, para orientarme a tomar el camino correcto, te lo agradeceria mucho.
Regálame imaginación en cantidad moderada.
Nuevas ilusiones y una doble ración de fé.
Te pido también una paleta de colores, para pintar mi vida gris.
Me sería muy útil un bote de basura, para tirar todo lo que me hace daño.
Por favor, mándame una cajita de tiritas, para sanar mi corazón, últimamente he errado mucho y está con raspones.
Necesito un reloj grande, muy grande para acordarme que el tiempo corre, y que no debo desperdiciarlo.
Podrías mandarme fuerza, la necesito mucho, para seguir soportando, para poder levantarme siempre que caiga .
Te pido unas tres o cuatro toneladas de «ganas de vivir» y esperanza, para poder cumplir mis sueños .

De antemano te agradezco por todo lo que me vas a decir… TE ESCUCHO!!!

con mucho cariño

YOYa hablé:

Pero más que nadie estoy convencido que es escuchando que podemos entender lo que Dios nos quiere decir. No es hablando, no es gritando, es abriendo el corazón y cerrando la boca. Estando atentos a la suave voz del Espíritu Santo. Digo esto, en el contexto de la vida de oración personal. Es obvio que en la oración corporativa (cuando oramos con alguien más) tenemos que hacer audible la oración.

He visto más bendición en una persona cuando está delante de Dios en una actitud sincera de humillación que en una con innumerables palabras dichas sin propósito. Ten en cuenta este gran consejo, no es profundo, pero no es sencillo: cuando no tengas nada que decir, no hables, sencillamente espera. Tu Padre ha estado esperando hace mucho para decirte cosas que necesitas saber.

Deja un comentario