Quiero cabalgar hasta donde el oeste empieza, no puedo mirar las trabas, ni soporto las cercas, no me pongas cercas. El corazón del hombre es como agua profunda, déjame ser libre como el viento…

Puede que los hombres y mujeres tengamos nuestras diferencias. Sin embargo estoy seguro que la mayoría de los caballeros, y casi todas las señoritas que conozco estarán de acuerdo conmigo en un punto: «La manera en que se desarrolla la vida de un hombre hoy en día es a veces catastrófica»

Interminables horas frente a la pantalla de una computadora, vendiendo artículos domésticos en un centro comercial, reuniones, memos, llamadas telefónicas… encerrados en cubículos y horarios de oficina nuestra alma se ha visto arrinconada a las áridas arenas de la rutinas y los pasillos de la frialdad. Sin embargo, como un potro salvaje al que intentan domesticar, nuestro corazón se niega a ser amarrado por las circustancias y rutinas de la vida.

El alma anhela intensidad, libertad, y vida. Ella no sabe de agendas, fechas límites ni informes de ganancias o pérdidas. Somos seres llenos de pasión. No se trata de un asunto de responsabilidad, machismo o competencia. Es simplemente el hecho de que el hombre no fue forjado para ser una máquina. Necesita libertad. Sentir los ritmos de la tierra; tener en su mano algo verdadero: el timón de un bote, un par de riendas, la aspereza de una cuerda o simplemente una pala.

La sociedad nos ha enseñado que un hombre debe vivir todos sus días con las uñas limpias y bien recortadas. Impecable. Desinfectado, sin vellos y superficial. ¿Es eso lo que sueña un niño? No lo creo.
Los niños sueñan con ser niños. Hay tres deseos que tengo tan profundamente escritos en mi corazón. Tres conceptos que aprendí de John Eldrege en su libro Salvaje de Corazón y que ahora son indispensables para describir quien soy y que anhelo ser… Mire en su infancia, busque las páginas de sus libros y películas preferidas, escuche las voces de cientos y se dará cuenta que estos tres pilares son universales para todo ser humano. Se pueden perder, olvidar, emplear mal, pero en el corazón de todo hombre hay un ahnelo desesperado por una batalla que pelear, una aventura que vivir y una princesa que rescatar. Es la esencia de nuestras vidas: pasión, intensidad, libertad.

Como aguas profundas es el corazón del hombre dice Proverbios 3:23. Al alma no se le pueden poner trabas. No se le pueden poner cercas. Hay que dejarla ser como es ella misma: Salvaje, apasionada, aventurera. Recorrer un sendero que nadie ha recorrido. Cabalgar hacia los interiores poco visitados. Grandes cosas podemos encontrar en ella. Algo fuerte, y valiente esta esperando ser allí liberado. Pero para eso hay que arriesgarse a entrar al territorio alto del vida, a las regiones salvajes y desconocidas de nuestro corazón y cabalgar hasta encontrar el atardecer. Sin temores, sin dudas, sin excusas. Hasta el interior de nuestras almas.

Hasta el final.

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